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De Filipinas hasta Hawai pasando por la Costa Azul Francesa.

Aunque suene a tópico no siempre un viaje lo vas a recordar por la belleza de sus paisajes, por la exclusividad de sus playas o por la lejanía y las horas de avión que hayas tenido que hacer hasta llegar a tu destino. Hay ocasiones, en las que tu viaje lo vas a recordar por el estado en el que se encontraba tu corazón, en el momento que emprendías el camino, o el momento en que volvías de él. A veces, lo vas a rememorar, con mucha nostalgia y, otras, con rabia por no haber hecho lo que te apetecía y estar arrastrando una situación determinada.
Planear tu viaje, elegir el destino y los recorridos que vas a hacer es tan importante, y se disfruta tanto en esos días y semanas previas, como durante el viaje. Al menos, si lo haces en buena compañía. Desde sacar visados a ponerte las vacunas o simplemente leer una guía de viajes formar parte del tiempo previo al día de partida. De esos recuerdos, de los previos y de los que traes a la vuelta, es de lo que se compone tu memoria. Y, la memoria, que es sabia y selectiva, nos trae, pasados los años, sólo las mejores instantáneas, las que más nos han marcado.
Por eso, si tuviera que marcar los viajes que han quedado en mi corazón y me dijeran que eligiera solo uno, debo reconocer que no soy capaz. Un solo viaje no es suficiente. Aunque me cueste horrores desechar algunos y escoger solo otros, me tengo que quedar, al menos, con cuatro. Uno por cada una de las décadas que he ido viviendo. Así, al menos, tendré presente que, antes de llegar a la siguiente década, volveré a incluir en mi guía particular de viajes del corazón, otro destino nuevo. Vayamos a analizar mi viaje de Filipinas hasta Hawai pasando por la Costa Azul Francesa.

1. Mi primer destino es Filipinas. ¿Qué por qué fui a Filipinas? Pues muy sencillo. Una amiga trabajaba para una ONG durante un año y nos invitó a unos amigos a pasar en el país un mes recorriendo sus playas, sus selvas, sus montañas y sus ciudades. Y allí que nos fuimos. Fue el viaje más lejano que emprendía y tenía tan sólo 23 años. Recién terminada la carrera y con un trabajo que me permitía pasar fuera todo el mes de agosto. Un plan increíble al que me marché con los que, por entonces, eran mis mejores amigos. El país me encantó. Manila, Banaue, Boracay, Panay y un sinfín de lugares que están grabados en mi memoria. Recuerdo que tres semanas antes de viajar me enamoré intensamente. Tan intensamente que estuve con la misma pareja casi 14 años. Recuerdo que no tenía móvil para hacer llamadas internacionales y que el país no ofrecía teléfonos en todos los lugares. Incluso la electricidad no había llegado a algunas poblaciones a las que fuimos. Sin embargo, me recuerdo haciendo distancias que me parecían eternas, por carreteras de tierra, para poder hacer una llamada a la persona de la que estaba enamorado, cada dos o tres días. Recuerdo el esfuerzo, pero al hacerlo me sale una sonrisa maravillosa en la boca. Ese viaje cambió mi vida. Los que eran mis mejores amigos comenzaron a buscar otros rumbos y poco a poco nos alejamos. Yo, enamorado como estaba, sufrí lo justo, pero tampoco más. Regresé de Filipinas y escribí una historia de una chica a la que conocí en la playa que se llamaba Lovely Love, pero esa es otra historia. Voluntariado en Filipinas

2. Mi segundo destino del corazón es Hawái. Debo confesar que me gustó mucho y disfruté de sus playas, paisajes y de su comida, pero que ir a Fuerteventura y disfrutar de sus playas, posiblemente, hayan causado el mismo efecto en mí, y claro, se tarda solo dos horas desde Madrid y solo hay una hora menos de diferencia, no doce. Mi pareja había vivido en San Francisco algunos años y, siempre que podíamos, viajábamos a la Costa Oeste de los Estados Unidos. Un año, y sin decírselo, saqué unos billetes para pasar del total de la estancia, cuatro días en Oahu, Hawái. Lo cierto es que si recuerdo aquello es por lo malo que era nuestro hotel -se llamaba el White House- y por el poco tiempo que pasábamos en él. El primer día nos dimos cuenta que entrar al Sheraton y disfrutar de sus instalaciones era sencillo, sobre todo, si lo hacías con naturalidad y sonreías a todo el mundo. Otro de mis recuerdos es el descubrimiento de la comida japonesa. Descubrí que las tempuras japonesas que conocemos en España estaba a años luz. Allí empanaban hasta los huevos duros.que debo llevar en un viaje a HAWAI

3. Mi tercer destino de corazón es la Costa Azul francesa. Este, en realidad, fue mi viaje de bodas. Acabar viajando por aquí en pleno diciembre fue un cúmulo de circunstancias. Mi pareja, tenía como destino casi exclusivo los Estados Unidos, donde ya habíamos ido en otras ocasiones, por lo que había que negociar e ir descartando lugares. Cada uno iba cediendo un destino hasta que, con los restos, tuvimos que negociar. Y, tan grande fue el descarte, que nos quedamos recorriendo en coche desde Mónaco hasta Bilbao. Fue un viaje frío, por el mes en el que viajamos, pero nos permitió descubrir Francia de otra manera a la que la conocíamos, con tranquilidad, hablando con la gente, recorriendo pueblos de los que no habíamos oído hablar y que nos encantaron. Ciudades vacías y hoteles para nosotros solos. Comiendo en pequeños restaurantes y disfrutando de la vida. Sabiendo que ese viaje era diferente, por un millón de cosas, a todos los que hice antes.

costa azul francesa
4. Mi último viaje del corazón se llama Rodolfo. Rodolfo era el nombre de mi perro. Para quien tenga perro sabrá que viajar con ellos es complicado, porque no siempre se puede y todos son problemas. Sin embargo, yo durante sus 9 años viajé con él a muchísimos sitios. Es cierto que muchas veces debes sacrificar el lugar para que ellos te acompañen. Pero a mi me compensa, justamente por eso, porque viajar con todos aquellos a los que quieres es lo que te permite llenarte y volver cargado de energía y recuerdos. Preparar esos viajes que disfrutamos juntos fue siempre una experiencia que sigo teniendo fresca, años después de la última vez que lo hicimos.

Espero que te haya gustado y hayas disfrutado de mi artículo sobre mi aventura De Filipinas hasta Hawai pasando por la Costa Azul Francesa.

 

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